Naciste en la mitad de siglo
Naciste con el siglo a media marcha,
cuando el papel aún guardaba el frío
y la palabra era un puente de escarcha
tendido sobre el cauce de un gran río.
Aquel niño que en los cincuenta despertaba,
bebió del mundo un aroma a tinta y calma,
sin saber que en su pecho ya se gestaba
un mapa de ficciones para el alma.
Setenta y cinco inviernos han pasado,
setenta y cinco otoños de lectura;
has pulido el lenguaje, lo has amado,
haciendo de la vida una arquitectura.
Tus dedos ya conocen el secreto:
que el tiempo no se va, solo se escribe.
Que no hay destino, por más que sea estricto,
que en el papel eterno no reviva.
Que sigan las comas marcando el aliento,
que el punto final se sienta lejano,
pues hoy el mundo celebra el talento
de quien sostiene la vida en su mano.

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