SERVI DOS COPAS
Serví dos copas, como en los viejos días,
con ese tinto oscuro, denso y con historia,
mezclando entre el aroma las viejas alegrías
con el sabor agridulce que guarda la memoria.
Miro el cristal, el color de la sangre y la tierra,
ese cuerpo que el roble supo estructurar,
y entiendo que la muerte no gana la guerra
si el eco de tu voz me vuelve a acompañar.
Un sorbo por los años de andar el camino,
por las verdades dichas al calor del licor,
porque no hay mejor cura que un hermano y un vino
para aliviar el peso de cualquier dolor.
Levanto mi mano, te busco en el viento,
chocan los vidrios en un eco invisible y leal,
bebo tu ausencia con un lento sentimiento,
y te hallo en el fondo de este manantial.


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